Los 10.000 del Soplao 2018

Cuatro meses de entrenamiento y 5 carreras de preparación después, allí estábamos dispuestos a completar Los 10.000 del Soplao. Ambientazo, ciclismo por los cuatro costados y un entorno mágico el de Cantabria, que ayudó a sobrellevar la faena. A las 8, alrededor de 4.000 ciclistas salieron a completar los 162,5 kilómetros y más de 4.800 metros de desnivel positivo que separaban el éxito y el fracaso. Tenemos la satisfacción de decir que lo logramos, y aquí tienes nuestra experiencia

Publicado por Miguel Márquez el Thursday 24 de May 2018

Desde que monto en MTB, nunca he dejado de marcarme retos. Cada día un poco más difícil que el anterior. Pero tengo que reconocer que el de Los 10.000 del Soplao siempre se me hizo difícil, inalcanzable para mis condiciones y mi entreno. Hasta que a finales del 2017 surgió la idea -todavía no sé de dónde- de hacer algo gordo. Necesitaba reventar sobre la bicicleta: sentir que lo has dado todo y pedalear hasta decir basta. Me veía con fuerzas para hacer la prueba, así que se lo comenté a Carlos -el ya tenía una Soplao en su haber- y antes de terminar el año ya estábamos inscritos. Desde entonces, nuestras alegrías y penas hasta este 19 de mayo están en este blog. Después de unas cuentas pruebas hechas en este 2018, a cada cual más dura, nos plantamos en Cabezón de la Sal tras 700 kilómetros para hacer la machada y completar los 162,5 kilómetros y más de 4.000 metros de desnivel positivo de la mítica prueba cántabra.

Los 10.000 del Soplao La Trialera

Meca del MTB en España

El ambiente de ciclismo en Cabezón de la Sal es tremendo. Aunque se celebran infinidad de pruebas de diferentes disciplinas por su entorno, creo que la de BTT sigue siendo la prueba reina, aunque ese no es el caso. Además de ciclismo, se ve ciclismo, se habla de ciclismo, y se disfruta del ciclismo. Una feria de expositores y complementos outlet animan la fiesta previa a la carrera. Con poco tiempo para adaptarse al clima y al entorno (bastante similar al de Barcelona en esos días), cogimos dorsales, dimos una vuelta, cenamos y a la cama. Al día siguiente había que estar bien temprano para salir lo más adelante posible y así evitar atascos.

Los 10.000 del Soplao La Trialera

El día más esperado

El día de la carrera, decidimos levantarnos temprano para estar en la línea de meta lo más pronto posible. Llegamos alrededor de las 7 y aquello estaba lleno, aunque logramos colocarnos antes del cruce del final de la calle, donde supongo que se hubiese formado un buen tapón. Se dio el chupinazo de salida; ahora sí, sonó 'Thunderstruck' de AC/DC y la suerte estaba echada. Tras cinco minutos, pasamos por meta y comenzamos Los 10.000 del Soplao.

Los primeros kilómetros estuvieron marcados por mucha gente y algunas aglomeraciones, donde debíamos tener paciencia para superar los embudos: todos queríamos pasar, así que tranquilidad. Los primeros tramos eran bastante rompepiernas, con rampas asfaltadas muy duras y bajadas rápidas de gravilla. Fuimos con ojo para no acabar como los primeros ciclistas que ya se veían rebozados por el suelo. Fue una tónica habitual que tuvimos que vigilar: la gente bajaba muy pero que muy fuerte, en tramos de descensos que quizás no superaban los 15 minutos. Por lo tanto, no valía la pena jugarse el tipo ni un mínimo para luego volver a perder tiempo en subidas de más de una hora de duración.

Los 10.000 del Soplao La Trialera

Había que rodar con cabeza para no perder el norte en los primeros kilómetros. Adelantamos a gente con facilidad, y sabíamos que era algo que podríamos pagar muy caro. Pasamos el primer puerto de El Soplao sin parar en el avituallamiento. Unos kilómetros y varios pueblos después, encaramos una subida bastante corta pero intensa, muy inclinada. Primeros ciclistas andando (bastantes) y yo, que ya había perdido de vista a Carlos, tiré sin problemas pese a que la rampa era bastante fuerte. Otra bajada fuerte -más caídas, ojo- y encaramos un tramo llano de descanso que se agradeció hasta Campa Ucieda. Ya 'sólo' restan 100 kilómetros y las piernas respondían bien. Me hidrato, como algo de fruta y directo a Alto del Moral, uno de los puertos más duros de la prueba.

Rampas como nunca

Sí, rampas en mis piernas. Hora y cuarto de subida y primeros problemas musculares. ¿Cómo es posible, si nunca me han dado en los entrenos? Pues quizás por el ritmo de 16 km/h de media: directos a acabar en sub 10 horas Los 10.000 del Soplao. Directamente ese ritmo no estaba entrenado. Así que la subida hasta el Alto del Moral se me hizo más dura que un día sin pan. Si me ponía de pie, con molinillo o pedaleaba rápido, rampón. Poco antes de llegar a la cima, decidí parar, quitarme la camiseta térmica - 13 kilómetros de monte pelado con más calor que un día de agosto en Sevilla- y me puse a estirar las piernas un buen rato. "Hasta la cima y toda la bajada, sin apretar", me dije. Y así fue.

Los 10.000 del Soplao La Trialera

Tan rápido como bajo, llego al control de Bárcena Mayor y allí coincido con Carlos, que tiene mala cara. Sinceramente, yo también. Como, bebo, estiro...pero tengo una sensación de fatiga malísima. Algo de náuseas, flojera y pocas ganas de comer. Nos tiramos un buen rato descansando antes de salir hacia Fuentes. La verdad que agradecí aquella subida, también larguísima pero con mucho tramos de sombra. Tras un rato pedaleando mano a mano, Carlos para a estirar y me dice que siga: no iba demasiado bien y yo poco a poco me iba encontrando mejor, parecía que el azúcar hacía su efecto.

Los 10.000 del Soplao La Trialera

No me costó en exceso subir tocar cima y llegar al avituallamiento en comparación con los últimos 30 kilómetros de flojera que había pasado. Ahora quedaba un buen tramo de bajada y posterior subida, pero un voluntario me comenta: "son tres kilómetros de bajada y tres de subida". Joder, me ha alegrado la tarde el hombre. Ciertamente, en media hora ya estábamos en Ozcava. Otro punto de control con cerveza, café, caldo...me tumbo, estiro, contemplo el pedazo de paisaje y las vacas pastando, y para adelante. Las piernas han mejorado más todavía. Bajando el ritmo, vamos superando rampones; lo que nos queda ya es cuestión de cabeza.

Negreo, mano a mano

Rodando prácticamente en solitario, bajé Ozcava por un puerto asfaltado hasta llegar hasta un pequeño repechón que salía en la altimetría pero que a todos se nos hizo más dura de la cuenta. Los kilómetros pesaban y los ciclistas nos preguntábamos: "¿Esto ya es el Negreo?" La gente que estaba animando se reía, "Tranquilos, que cuando lleguéis ya os daréis cuenta.

Cruzamos el único sendero de toda la prueba, cruzamos una carretera y, efectivamente, ya nos dimos cuenta de que estábamos ante el Negreo. Cuatro meses preguntándome si sería tan duro como lo pintaban. Pues ahí estaba mano a mano con él. Los primeros 200 metros fueron rampas duras que hice sin problemas, hasta el último avituallamiento de la prueba. Las siguientes subidas seguían siendo subidones asfaltados, con un desnivel inhumano para los kilómetros que teníamos en las piernas. Veías como subía el camino y la hilera de ciclistas, por ahí tenía que pasar. Así que más valía guardar piernas para no acabar sufriendo más de la cuenta y asegurarnos la prueba.

Los 10.000 del Soplao La Trialera

Tan pronto como acabaron los repechos de asfalto, comenzó un camino de tierra mucho menos inclinado. Parecía fácil, pero tenía tanta piedra gorda que ibas botando a cada pedalada. Decidí bajarme y hacer los 2 kilómetros que faltaban a pie: iba más rápido andando que los ciclistas que iban subidos sobre la bicicleta. No es el espíritu, pero si hubiese hecho ese tramo sobre la MTB, hubiese acabado tirado en el suelo con los gemelos en las orejas.

Últimos kilómetros con sabor a gloria

Dimos la vuelta la ladera y ya se acabó el camino empedrado. "Dos curvas y ya lo tenéis, el 90% hasta la meta es bajada". Parecía que, ahora sí, estaba en la saca. Las últimas subidas se hicieron interminables, pero pronto comenzó la bajada que nos llevó hasta la carretera de Ruente. Ya sólo quedaba llano, lleno y llano. No tiraba, pregunté cuánto faltaba, ya me dejaba llevar, y un compañero dejó que me pusiera a rueda hasta la meta. Últimos kilómetros emocionantísimos con gente animando, diciendo que, ahora sí, lo habíamos logrado. Más entero de lo esperado, crucé la meta de mi primera 10.000 del Soplao en doce horas y veinte minutos, con la sensación de haber cumplido el objetivo más importante, el de disfrutar como un niño sobre la bicicleta. Carlos llegó en trece horas y media, salvando la papeleta de un día más duro de lo esperado.

Los 10.000 del Soplao La Trialera

Tras haber realizado mi primer Soplao, sólo puedo decir que es una prueba impresionante que hay que hacer de manera obligada al menos una vez en la vida por su entorno, dureza y disfrute. Para mí algo masificada, pero es lo que ha hecho grande a esta prueba: ahora todo el mundo quiere ponerse a prueba. Y lo comprendo. Cantabria Infinita; Los 10.000 del Soplao, eternos.